Ellos lo miran con adoración e intentan llamar su atención, él fija la mirada en la pantalla del televisor y sube el volumen. Es en ese momento cuando despierta la leona que llevas dentro….
A veces se necesita paciencia, mucha paciencia. Y por una vez no se habla de los pequeños terremotos que catalizan todos los pensamientos de la jornada de la madre, sino de quien con la madre debería compartir alegrías y tormentos. Si la escasa presencia del compañero durante el primer año de vida del niño se vive con frecuencia como "un desdén" que el hombre hace a la mujer, cuando los hijos crecen las cosas cambian: si el papá se niega ante la mirada de adoración de los niños, que están deseando jugar con él y contarle sus descubrimientos, la mamá vivirá esta indiferencia peor que cualquier desaire dirigido directamente hacia ella. Quizá es precisamente una reacción primaria, la leona que se apresura a defender a sus cachorros, pero la verdad es que es así: si tu capacidad para soportar puede alcanzar cotas inimaginables cuando la "víctima" de su apatía eres tú, te transformas en una leona si notas que esta actitud hiere a tus pequeños.
Afortunadamente, lo que hemos descrito es una situación límite. En una pareja que funciona, se pasan por alto las pequeñas descortesías que pueden ocurrir en el día a día. Desde que superamos el umbral de la vida adulta sabemos que la vida es difícil y que siempre habrá jornadas de mal humor, problemas de trabajo que no se consiguen dejar fuera de casa y momentos de nerviosismo. También es normal que los niños entren en contacto con esta realidad: con ellos gozáis de un crédito ilimitado y nada os bajará del pedestal sobre el que os han puesto, pero también es educativo para ellos comprender que las personas no son máquinas. Lo importante es que, como padres, seáis siempre responsables con ellos y no perdáis nunca de vista que sois vosotros los que deben esforzarse para tener una buena relación con ellos, en cualquier situación.
Pero pasemos a la parte que duele. Este esfuerzo de responsabilidad para un hombre puede ser más difícil. Menos acostumbrados que las mujeres a elaborar y metabolizar las emociones, los hombres con frecuencia crean al crecer estrategias de contención o de esfogo de sus tensiones diarias, que no prevén la implicación de otras personas. Ver la televisión sin seguir lo que se está viendo, escuchar música aislándose con los auriculares, buscar espacios de soledad. No tener ganas de charlar y aún menos de jugar con los pequeños. Quizá a veces tú tampoco tengas ganas, pero piensas que no puedes permitírtelo. Y esto no te ayuda en absoluto a permanecer serena cuando lo hace él. ¿Qué hacer si se transforma en un círculo vicioso?
Seguramente hablar serenamente y buscar soluciones intermedias es lo mejor. El podría reservarse una media hora de total relajación al volver del trabajo, transcurrida la cual jugará con los pequeños, dejándote a ti un poco de libertad. Los niños estarán felices de esperar si después pueden tener a papá a su completa disposición hasta la hora de irse a dormir. No te preocupes por la relación padre-hijo, son ellos los que tienen la tarea de construir una intimidad que les vaya bien. Los pequeños saben bien "procurarse" el afecto que necesitan y saben introducirse incluso en los silencios más obstinados. |