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La alegría de bañarse

El baño es para el niño un auténtico momento de felicidad: relaja, permite jugar y, para beneficio de los padres, también ayuda a conciliar el sueño

¿A quién no le gusta sumergirse en un buen baño caliente después de una intensa jornada? También tu hijo aprecia esa sensación de bienestar y de relajación que lo devuelve a los momentos en los que flotaba en la barriga materna. El momento del baño, además, es un momento ideal para un contacto especial entre la mamá y el bebé. Por eso es importante dedicarle tiempo y atención, sin prisas ni distracciones, apagando el móvil, poniendo el contestador automático y preparando con antelación todo lo necesario: toalla limpia, detergente neutro, esponja, ropa interior limpia y todos sus juguetes.

Es una cita importante y debería vivirse como un momento divertido. La piel del niño necesita una limpieza cotidiana: su panículo adiposo es delgado, su poder absorbente notable, su circulación sanguínea muy superficial. Además, la piel de un niño respira dos veces más que la de los adultos, por lo que es esencial una regular limpieza de los poros.

El agua tiene un efecto calmante, por lo que el mejor momento para el baño es por la tarde, pero nada te impide hacerlo por la mañana o cuando mejor te venga. La única regla es hacerlo lejos de las comidas, mejor antes, para no perturbar la digestión. El agua debería tener una temperatura de alrededor de 37 grados (mejor compruébala siempre con el codo o con un termómetro, antes de sumergir al pequeño), mientras que la de la habitación no debería ser inferior a 22 grados y el niño debe sentirse perfectamente seguro.

Antes de lavar al bebé es conveniente lavarse las manos. Tómate tu tiempo para jugar con él y déjale que se acostumbre al agua. Después enjabónale delicadamente todo el cuerpo, comenzando por el cuello y siguiendo con los brazos, el pecho, la barriga, el culito, las piernas y por último la cabeza, dejando el pelo para el final. Gran parte del calor corporal se dispersa a través de la cabeza por lo que es mejor mojarla solo poco antes de terminar el baño. Los pliegues del cuerpo (axilas, ingles, cuello, detrás de las orejas) son muy delicados, lávalos y sécalos con mucho cuidado.

Para que el baño del niño pueda ser para tí y para él un momento agradable y relajante, no te olvides nunca de todo lo relativo a su seguridad.

 
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