El sueño de los niños es, después del destete, el argumento más debatido entre las nuevas mamás, con una participación emotiva debida también al cansancio de las noches pasadas en blanco…
Al principio parece una fatiga llevadera. El pequeño se despierta en medio de la noche y llora y tú, o tu marido a turnos, os pasáis la noche de la cama a la cuna, intentando reinstaurar la tranquilidad. Cuando las noches en blanco se suman una a otra en una larga, a veces larguísima fila, vuestras caras demacradas denuncian el sentimiento de impotencia y la extenuación física. El sueño de los niños, especialmente durante el primer año de vida, es breve y fragmentado: las causas pueden ser infinitas y las mamás las comprueban todas, pero la razón básica son los aspectos fisiológicos de su maduración cerebral. En otras palabras, no hay solución. Hay niños que presentan menos problemas que otros, pero es una pura casualidad. Aclarado esto, es conveniente saber cuáles son las causas que pueden molestar el sueño de los pequeños y ver qué se puede hacer para mejorar la situación. A partir de los primeros días de vida, son sobre todo las molestias físicas las que obstaculizan el sueño (el hambre, el dolor de barriga, el dolor de dientes, el calor, el frío, el pañal mojado, etc.) pero pueden intervenir también factores emotivos y de carácter. Esto sucede por ejemplo cuando el pequeño no quiere dormir por el deseo de estímulos, porque se aburre o porque busca tu compañía y la única manera que tiene para comunicarse contigo es el llanto. Por eso, no siempre es necesario preocuparse y es un error correr a cogerlo en brazos en cuanto empieza a llorar: en ese momento, si te paras a pensarlo, eres tú la que necesita tranquilizarse y ¡el abrazo que le das te es más útil a ti que a él!
Para favorecer el sueño, la estimulación rítmica parece ser el medio más eficaz, como una canción de cuna cantada en voz baja, un balanceo en brazos en la cuna o caricias rítmicas en la espalda. Si una vez que se ha dormido se despierta después de pocas horas, tras haberte asegurado de que está bien y que no tiene hambre, debería ser suficiente con estar junto a él, sin cogerlo en brazos. Es conveniente mimarlo, tranquilizarlo y darle a entender que mamá y papá se encuentran cerca de él, aunque estén en la habitación de al lado. Para muchos niños funciona el ritual de las buenas noches, que hay que repetir todos los días, a la misma hora, de manera que el pequeño se sienta mimado también en el momento de la separación: puede ser el baño, la lectura de un cuento (siempre el mismo para los más pequeños, que reconocerán los sonidos), saludar juntos a sus juguetes… Para ayudarlo a separar bien el día y la noche, enséñale que de día hay luz (por eso es mejor que la siesta de la tarde no la duerma en una habitación completamente oscura) y que por el contrario la noche es oscura, evitando tener luces encendidas en otras habitaciones. Es importante también la diferencia entre los ruidos del día, cuando es normal que duerma aunque en casa haya conversación, se escuche música o se vea la televisión, y el silencio de la noche.
Por último, es conveniente educar gradualmente a los pequeños para que se duerman solos. Tras meterlos en la cama, mamá y papá se alejan de la habitación y, si el niño llora, resisten algunos minutos antes de intervenir y consolarlo brevemente. Puede parecer cruel, pero de esa forma el niño volverá a dormirse solo en pocos minutos. |