Todas las madres necesitan en algún momento contar con alguien de confianza con quien poder dejar al niño...
A pesar de que inicialmente pueda parecer inconcebible para una madre primeriza, antes o después se presenta el problema de tener que separarse del bebé: muchas son las ocasiones, desde la necesidad de hacer recados en lugares a los que no es aconsejable llevar al niño, hasta la eventualidad de la vuelta al trabajo. Es un problema que hay que afrontar con una cierta antelación, para evaluar bien durante cuánto tiempo necesitamos dejar al bebé, en qué lugar dejarlo para estar tranquilas y, sobre todo, con "quién". Las posibilidades de elección son varias: en primer lugar están los familiares y los amigos, seguidos por la guardería (pública, privada, familiar…) o la niñera.
Tener abuelos disponibles es una gran suerte, mientras que si falta la familia de origen o si ésta vive en otra ciudad, si las relaciones no son serenas, si los abuelos tienen problemas de salud o si existen otras prioridades "familiares", como la asistencia a un padre anciano, es necesario buscar otras soluciones. Incluso en el caso de que los abuelos vivan cerca y reclamen al nieto para "mimarlo" un poco, es oportuno evaluar bien el empeño y las respectivas exigencias: a veces el entusiasmo lleva a pensar que todo sea natural y por descontado, llevando a ambas partes a cometer errores. Los abuelos (los tíos, los hermanos mayores…) por su parte no deben sentirse monopolizados y por otro lado las madres necesitan saber con quién pueden contar.
Una solución alternativa es buscar un grupo de amigas que tengan niños más o menos de la misma edad. Si todas las madres están en maternidad pueden organizar una especie de red y gestionar los compromisos de manera que se garantice a cada una de ellas algunas horas libres. En este caso es importante aceptar el hecho de que las amigas tengan costumbres y comportamientos con los que no estemos de acuerdo, en general o hacia sus hijos. Por eso es necesario que decidas si te quedarás tranquila dejándole a tu pequeño.
La guardería es una solución más institucional que ofrece mayores garantías. Puedes pedir información, visitarla antes de decidir, evaluar con calma y en cualquier caso tendrás la seguridad de que confiarás al niño a personal especializado, en un ambiente que garantiza todos los estándares de higiene y seguridad. Lo mejor es elegirla cerca de casa e ir a conocer personalmente a las cuidadoras que se ocuparán del niño. Los aspectos menos ventajosos son dos: por una parte naturalmente el ambiente menos "personalizado" con respecto al familiar; por otra parte el hecho de que el pequeño, en contacto con otros niños, estará más expuesto a las infecciones típicas de la primera infancia.
La niñera es otra opción que presenta ventajas e inconvenientes. Entre estos últimos el mayor es sin duda el coste, seguido por la dificultad de encontrar una persona que sea verdaderamente de confianza. Por eso es útil hacer circular un pasa-palabra entre los amigos y buscar a alguien con referencias comprobables, o bien se puede preguntar al pediatra o en las Escuelas de Puericultura. Una vez identificadas las candidatas, realiza entrevistas personales intentando reconocer en ellas dulzura, experiencia y sentido de responsabilidad. Indaga acerca de su profesionalidad preguntando por ejemplo, cómo piensan organizar la jornada de un bebé tan pequeño o porqué han elegido este trabajo. Una vez que hayas elegido, o bien para ayudarte a hacerlo, pídele que pase algunas horas contigo y con el bebé.
Tanto si se opta por la guardería como si se decide contratar a una niñera, lo difícil para la madre es aceptar el dejar a su bebé con personas extrañas. Haz todas las preguntas y comprobaciones que necesites para quedarte tranquila y acepta el hecho de que es natural ser aprensiva. La manera en la que reaccionen las cuidadoras de la guardería o la niñera será otro indicador para ti, para ayudarte a saber si has encontrado a las personas adecuadas.
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