Conciliar trabajo y maternidad es una empresa ardua pero no imposible. La pediatría y la ciencia dicen que es posible realizarse profesionalmente y al mismo tiempo ser buenas madres. Y todo sin que los hijos sufran
Si estás terminando el período de maternidad, pronto llegará el momento de volver a tu actividad profesional y por lo tanto de separarte de tu hijo. Después de meses de relación física y afectiva continuada, esta separación es un pequeño trauma: lo has cuidado durante meses prácticamente sin perderlo nunca de vista y ahora no es fácil despegarte de tu retoño para confiarlo a una guardería, a una baby sitter o a los abuelos.
La separación por desgracia, no será la única dificultad que tendrás que superar al volver al trabajo: comienza para ti un período de grandes equilibrismos, de compromisos, de tragos amargos que pasar. Afortunadamente compensados, al volver a casa, por una sonrisa capaz de arreglar cualquier jornada torcida. ¡Pero nadie te dirá que es coser y cantar!
A pesar de que se hable de ello desde hace años, la vida de las mamás que trabajan es aún un campo de batalla hasta tal punto que, según una reciente encuesta de la Provincia, en una ciudad avanzada como Milán una de cada cinco mujeres se ve obligada a dejar el trabajo debido a la imposibilidad de conciliarlo con los empeños de la familia, a causa de la falta de soporte y de servicios.
A esto se añade una presión social que en el tercer milenio, considera negativa para el niño la vida profesional de la madre. A las tantas mujeres privadas de aquel bendito sentimiento que es la auto- indulgencia se prospecta un período en el que la palabra clave, repetitiva como un mantra, es "inadecuación": inadecuadas como madres, chapuceras en el trabajo y por último no correspondientes a la imagen social de mujeres emancipadas y modernas a las que todas las demás mujeres parecen conseguir corresponder. La gota que colma el vaso (envenenado) son los sentimientos de culpabilidad hacia el niño, poco seguido y confiado a terceros, con la pena de perderse todas sus conquistas cotidianas.
Bien, seamos sinceros, ¿es posible o no conciliar trabajo y familia? Lo es, con flexibilidad, lo que significa aceptar buenos compromisos, en el trabajo y en casa, y sobre todo verse a sí mismas y los propios esfuerzos con simpatía, indulgencia y afecto. Otra cosa fundamental es aprender a pedir ayuda y aceptar el hecho de que no se puede llegar a hacerlo todo.
Está demostrado que una madre realizada y satisfecha de su trabajo transmite una imagen positiva a los hijos y que las mujeres que se dividen entre casa y trabajo gozan de mejor salud y se enferman con menor facilidad. Además los hijos de madres que trabajan tienen un desarrollo psicológico, emotivo y de comportamiento completamente análogo con el de los hijos de las madres a tiempo completo. No olvides nunca hacer entender a tu hijo cuánto siga siendo importante para ti aunque no estés tan presente como antes. Y recuerda que él o ella encontrará la manera de hacértelo pagar, con caras largas y silencios que deberás vencer con todo tu afecto.
Último consejo: cuando llega el sentimiento de culpa y lo ves acomodarse en tu hombro preparado para derrumbarte, recuerda las palabras de un gran pediatra inglés, Donald Woods Winnicott (1896-1971) que deseaba a los niños no una madre perfecta, sino una madre "suficientemente buena", capaz en su imperfección de atender a las necesidades de su pequeño con cuidados suficientemente adecuados. |