Acampada, campamentos y vacaciones estudio: son muchas las oportunidades para que los niños vivan experiencias nuevas y estimulantes
Llega el verano y las escuelas cierran. Por desgracia en la mayoría de los casos en este período los padres no pueden cogerse vacaciones, e incluso aquellos padres que gozan de una cierta libertad de elección a la hora de quedarse en casa, es muy difícil encontrar una madre o un padre que puedan pasar tres meses en compañía de los hijos.
Con frecuencia los abuelos y otros parientes están lejos, o bien se han ido también ellos de vacaciones, por lo que puede convertirse en un problema encontrar a alguien de confianza que cuide de los niños mientras los padres trabajan.
Así que, ¿porqué no aprovechar la oportunidad de hacer que los hijos pasen unas vacaciones un poco diferentes en un campamento de estudio, de acampada o en una escuela de verano? Durante los últimos años han aumentado las ofertas de los tour operadores por lo que se refiere a las vacaciones a medida para niños sin sus padres, en centros bien organizados y de calidad.
El primer problema que se plantea una madre o un padre es: ¿cuál es la edad adecuada para mandar a mi hijo de vacaciones solo? En realidad, no existe una edad precisa, todo depende del tipo de vida familiar que se lleva normalmente. En otras palabras, un niño que está acostumbrado a estar con personas que no sean los padres (abuelos, vecinos de casa o familias de amigos) sin duda afronta la separación de los padres de manera menos dramática con respecto a aquel que recibe una educación tradicional, en la que el papel de la madre es muy fuerte. Un poco de buen sentido os ayudará a entender si vuestro hijo puede embarcarse en una iniciativa de este tipo o no.
Las vacaciones de grupo representan una importante ocasión para divertirse, socializar y adquirir autonomía, que todos los niños pueden aprovechar para moverse, practicar deporte y conocer personas nuevas. En algunos “centros especializados” se desarrollan programas y métodos para que los chicos entiendan que las tareas familiares también existen fuera del ámbito doméstico: hacerse su cama, poner la mesa, en algunos casos lavar los platos, etc.
No hay que infravalorar la elección del tipo de vacaciones, que en cualquier caso debe respetar las exigencias de cada niño. Si es posible, se debería privilegiar una experiencia que permita desarrollar la socialización, compartiendo el conocimiento, las habilidades, y el idioma, incluso en un contexto extranjero: por ejemplo, los viajes de estudio al extranjero para mejorar el inglés o el francés que se aprende en la escuela.
Por último, si recibís del campamento una llamada de vuestro hijo deshecho en lágrimas, no os desesperéis inmediatamente. Intentad antes de nada entender - con la ayuda de los educadores, los profesores o los acompañantes – si se trata sólo de nostalgia pasajera o si es un malestar real, y por lo tanto es el caso de ir a recogerlo para llevarlo a casa. |