Si el embarazo y la lactancia te han dejado algunos kilos de más, ha llegado el momento de poner remedio. Si el sobrepeso es leve, serán suficientes una correcta higiene alimentaria y un poco de movimiento para recuperar completamente la forma.
El peso ideal depende de muchos factores, entre los que se encuentran el sexo, la altura, la edad, las características hereditarias y, obviamente, lo que comemos. Si durante el embarazo y la lactancia hemos adquirido, y por lo tanto soportado, algunos kilos de más, ahora ha llegado el momento de poner remedio.
¿Pero cómo? Si los kilos acumulados son muchos, es mejor no comenzar dietas improvisadas, quizá aconsejada por una amiga, sino que es conveniente dirigirse a un especialista, que evaluará adecuadamente cada caso individualmente y podrá proponer la dieta más apropiada.
Si por el contrario el problema son solo un par de kilos de más, será suficiente con poner en práctica algunas reglas de correcta higiene alimentaria, que podrán ser adoptadas por toda la familia, incluidos los niños, para tener bajo control las calorías asumidas y por lo tanto el peso.
Comencemos por los productos de la huerta y las frutas: en general no ingerimos cantidades suficientes de fruta y verdura, mientras que deberíamos intentar comer cinco raciones al día de ellas. Mejor comer cantidades moderadas: de esta manera es más fácil ingerir todos los alimentos sin tener que privarse de nada. Y esto vale también para la pasta, el pan y el arroz.
Hay que evitar todo en lo posible los alimentos grasos, fritos y dulces. Si no conseguimos privarnos de ellos, siempre que sea posible se debe elegir la versión light.
Otra regla fundamental: no saltar nunca las comidas, en especial el desayuno, ya que esto nos llevaría a tener un hambre incontrolable. Beber mucha agua: al menos un litro y medio al día, aunque deberemos aumentar la dosis mínima si hace mucho calor o si practicamos deporte.
Por último, también una moderada actividad física puede ser de gran ayuda para quemar el exceso de calorías. En general, el movimiento es beneficioso para la salud y el bienestar, por lo que es conveniente introducirlo en nuestra rutina cotidiana: basta usar las escaleras en vez del ascensor o dar un paseo empujando la silla de paseo con el bebé. Si comemos o cenamos con frecuencia fuera de casa, intentemos compartir nuestras raciones con alguien.
|