Algunos consejos útiles para quienes deciden excluir de su dieta las proteínas animales y no quieren ser víctima de carencias de calcio, hierro y vitamina B12
Una elección que se puede vivir con extrema naturalidad pero que en ciertos casos parece haberse convertido en una moda. Se llega a ella desde varios caminos, puede ser el amor por los animales, es decir una elección ética, o bien la convicción de que la carne es perjudicial, o sea una elección alimentaria. En general se considera que una dieta sin carne permite vivir durante más tiempo y protege contra los tumores. Esta afirmación no tiene una demostración científica probada, pero sí es cierto que generalmente el vegetariano está más atento a su salud y a su estilo de vida (practica actividad física, no fuma, no hace excesos con el alcohol, etc.) lo que favorece una vida más larga y sana. Pero ¿qué es necesario saber si se decide convertirse en vegetariano para evitar desequilibrios alimentarios y daños a la salud? En primer lugar, los vegetarianos basan su dieta en todos los alimentos del mundo vegetal, limitando, de manera más o menos categórica, los alimentos de origen animal. Según la entidad de la exclusión se dividen en:
· Puros o "veganos", es decir aquellos que no consumen nada de procedencia animal;
· lacto-vegetarianos, que incluyen en su alimentación también la leche y los productos lácteos;
· ovo- lacto-vegetarianos que ingieren también leche, productos lácteos y huevos.
Aquellos que eligen en su vida seguir una dieta vegetariana "pura", con exclusión de todos los alimentos de origen animal, incluidos los huevos, la leche y los productos lácteos (yogurt y queso), pueden arriesgarse a sufrir una carencia de hierro, calcio y vitamina B12. En este caso podría ser necesario utilizar integradores de vitaminas y sales minerales.
Sin embargo, para un adulto sano la dieta ovo-lacto-vegetariana no compromete el estado de salud, siempre que se planifique una dieta equilibrada. Es diverso el caso de sujetos con necesidades nutricionales particulares: los niños, los adolescentes y los deportistas. Algunos períodos de la vida pueden hacer que aumente el riesgo nutricional para los vegetarianos, por ejemplo el embarazo y la lactancia. Una mujer vegetariana no está obligada a modificar su alimentación durante la gestación, siempre que se someta regularmente a los análisis de rutina y sea seguida constantemente por su médico, el cual, dependiendo de los resultados de los análisis de sangre, podrá si es necesario recetar integradores de hierro, calcio y proteínas, para asegurar el buen desarrollo del bebé. Durante la lactancia vale el mismo consejo: la dieta vegetariana rígida impone un complemento vitamínico (B12) para la madre y/o para el lactante.
Por lo que concierne a la alimentación de los niños, las dietas vegetarianas necesitan absolutamente una notable atención y planificación por parte del pediatra, sobre todo si se dirigen a niños menores de dos años. Más allá de la discutible corrección ética intrínseca en la imposición de una práctica alimentaria dictada por convicciones filosóficas o ideológicas personales que no tienen en cuenta las necesidades fisiológicas del niño, los padres vegetarianos se arriesgan a:
· proponer una alimentación vegetariana, o peor aún vegana, sin leche materna, con riesgos de carencia de hierro, zinc, calcio, vitamina B12, vitamina D (riesgo de anemia, raquitismo, problemas de crecimiento y daños neurológicos)
· exceder en la suministración de productos lácteos en alternativa a la carne;
· exceder en el uso de cereales integrales que producen problemas de absorción y de funcionalidad intestinal. |